Buenas noches.
Panchovilla pide la opinión de los concejales socialistas sobre el tema que estáis tratando, y yo gustosamente voy a dársela.
Está claro que ante todo hay que respetar las decisiones judiciales. Aunque a veces estas no se compartan, hay que reconocer que como su propio nombre indica, los jueces imparten justicia, y esta vez ha sido una más.
La sentencia es muy clara y contundente y no admite mucho debate. El llamar a una persona "caradura" en los tiempos que corren, no se puede considerar un insulto, más bien una descalificación leve. Además existiendo provocación previa(siempre en base a la sentencia, puesto que yo no viví esa situación en persona) lo extraño es que las descalificaciones no fueran más graves. Por eso, veo improcedente que se le pusiera una multa, y luego veo justa y lógica la sentencia judicial que revoca esa sanción y obliga a reembolsársela.
En la otra vertiente, la económica, no comparto lo que exponéis. El particular, en este caso el taxista, ha recurrido ante el juzgado la decisión tomada por el Ayuntamiento de multarle en base a una ordenanza (la de convivencia). El que tiene que defender su actuación es el Ayuntamiento, por lo que tanto los costes de pagar al abogado como las costas impuestas por la sentencia tienen que ser asumidas por el propio Ayuntamiento. Aunque haya sido el concejal el que denunciara al particular, la denuncia la tramitaría la policía y la sanción la impondría un órgano instructor, que no se si será la alcaldesa o la Junta de Gobierno. Por lo tanto estamos hablando de un pleito entre Ayuntamiento y un particular, y no entre dos particulares.
Ahora bien, otra cosa es que me parezca fuera de lugar, el ocasionar un coste innecesario al Ayuntamiento que rondará los 800 € (150 € de multa, 500 € de abogado y 150 e de procuradora) por una mala actuación del concejal. El propio equipo de gobierno debería de pedir responsabilidades al concejal, y si procede sancionarle por su provocación al particular y por generar una situación que no debería haber llegado hasta donde llegó. Pero creer en eso, es totalmente una utopía ...
Hay que saber llevar el cargo que nos han otorgado los ciudadanos de la forma más noble, y dialogante posible, alejarse de los rasgos de prepotencia que a veces se instauran en las personas que se creen con poderes extraordinarios y evitar crear perjuicios de cualquier tipo al Ayuntamiento. Porque no se nos olvide, y en este caso se ve perfectamente. Al final los que han pagado los "cascos rotos", de una falta de comportamiento de un cargo público, han sido todos los comillanos.
Un saludo